Como Áspid Dará Dolor
Muchos
malos hábitos comienzan como un agradable juego. Pero
debemos tener cuidado.
Por Jaime Guiñez

Alonso
es el segundo de cinco hermanos. Proviene de una familia
de recursos limitados. Sus padres se esforzaron por dar
lo mejor de ellos para sacar adelante a esta numerosa
familia. La ventaja de ser cinco varones, era que la
ropa del primero era heredada por el segundo, el
tercero, cuarto y así, hasta llegar al último de los
hermanos.
Alonso
era un chico brillante. Todo lo que hacía le salía bien.
Durante sus estudios secundarios Alonso se destacaba por
su alto rendimiento. Sus profesores lo consideraban un
joven ejemplar. Varios años ganó el premio “al mejor
compañero”. Todos querían ser amigos de Alonso, ya que
era muy amistoso, caballero y siempre mostraba un trato
muy respetuoso hacia los demás. Alonso tenía la gran
capacidad de relacionarse sin problemas con los demás,
fuera quien fuera. Podía relacionarse con niños,
adolescentes, adultos y ancianos, no importando si fuera
hombre o mujer, estrato económico, cultura. Alonso se
mostraba agradable con todas las personas.
Muchas
de las personas que rodeaban a Alonso comenzaron a ver
en él un modelo de persona. Por su forma de ser, se ganó
el respeto de sus padres, familiares y amigos. Sin dudas
era un gran ejemplo para todos los que lo conocían.
Después
de graduarse de sus estudios superiores, a sus 22 años,
Alonso comenzó su vida laboral e hizo muchas amistades
en su trabajo. La mayoría de sus compañeros de labor
admiraban su optimismo, responsabilidad, tenacidad y
eficiencia...
Con el
tiempo, Alonso comenzó a cosechar el fruto de su
trabajo. Con el dinero que ganaba, ayudó a sus hermanos
más pequeños a financiar sus estudios y costear la
vestimenta de ellos. Eso fue un gran alivio para sus
padres ya que Alonso poco a poco se transformó en quien
aportó gran porcentaje del sustento del hogar. Regaló a
su madre electrodomésticos que le facilitarían las
tareas de mantención de su casa. Sus padres se sentían
orgullosos de su hijo y sus hermanos lo admiraban.
Pasado
más tiempo, Alonso decidió independizarse y compró un
departamento donde se mudó siendo aún soltero. Fue aquí
donde comenzó su triste descenso.
Por su
personalidad y por lo bien que le iba en su vida
laboral, Alonso tenía muchos “amigos”. Estos amigos
estaban cerca de él porque la pasaban bien. En su
departamento cada semana venían sus “amigos”. Juntos
tenían bailes, fiestas, y lamentablemente también tenían
alcohol... Los amigos siempre la pasaban muy bien en
casa de Alonso.
Las
fiestas semanales comenzaban a extenderse cada vez más
tarde y en varias ocasiones Alonso no durmió lo
suficiente y salió a trabajar desvelado. Esto comenzó a
tornarse en una costumbre de todos los fines de semana.
Alonso no supo poner atajo a tiempo a esta conducta que
se había hecho un hábito. Comenzó a llegar tarde a su
trabajo. Se empezó a despreocupar de su higiene. En
ocasiones llegó en estado de ebriedad a trabajar...
empezó a ser triste ver como su personalidad cambiaba.
En sus buenos momentos, Alonso había contraído
matrimonio con una buena mujer con quien procreó una
linda hija.
Llego el
momento en que las fiestas cesaron. Ya no había
reuniones cada semana. Los amigos ya no lo buscaban con
la misma frecuencia. Lamentablemente, Alonso había ido
cambiando imperceptiblemente hasta quedar enviciado. Ya
no pudo dejar de beber y muchas veces, aún sin haber
fiesta el fin de semana en su casa, se le vio ebrio en
su trabajo el día lunes.
Como
ustedes pueden imaginar, Alonso perdió su trabajo.
Debido a su falta de dinero, las deudas comenzaron a
presionarlo, no pudo pagar los dividendos de su casa y
al poco tiempo dicha casa tuvo que irse a remate. Su
esposa lo dejó llevándose a su hija. Al tiempo su esposa
se volvió a casar.
Alonso
se encontraba completamente solo. Tuvo que ser internado
en una clínica debido a un cuadro de “hepatitis
alcohólica”.
En un
momento dado el autor de este artículo le preguntó a
Alonso: ¿En dónde están tus amigos? ¿En dónde quedó la
alegría de las fiestas semanales en tu casa?... Alonso
llorando en su cama le respondió: “Estoy solo, no tengo
esposa, hija ni amigos. Me he quedado sin nada”.
En el
presente, cada vez que veo a Alonso me embarga un
sentimiento de ausencia. Siento como que el Alonso que
originalmente conocí hubiese muerto. De hecho, él ya no
es el mismo. No es aquel chico brillante que yo admiré.
No es aquel hombre bien vestido que salía a trabajar
todos los días con su cara llena de anhelos y
esperanzas. Hoy el aspecto de Alonso y su vestimenta son
lastimosos. Ahora su opinión ante los demás no vale
mucho. Sus palabras ya no tienen sentido. Alonso es hoy
uno de los tantos alcohólicos que viven sus días
pensando en saciar sus deseos de beber. A sus cuarenta
años, él ya no tiene proyectos de vida. El dolor de la
perdida de su familia es un peso que se percibe en su
mirada. Todos se mofan de sus dichos, lo golpean, lo
humillan. Alonso no supo poner freno a un mal hábito que
comenzó cuando todo estaba bien, cuando la vida le
sonreía, cuando tenía más “amigos” que nunca.
Alonso
hoy en día vive con sus padres. Ellos arrastran la
amargura de ver cómo el alcohol truncó la vida de un
chico lleno de planes, lleno de amigos, lleno de
esperanzas.
Esto me
recuerda un pasaje de las escrituras que dice “El pobre
es odioso aun a su amigo; Pero muchos son los que aman
al rico” (Proverbios 14:20). Ya nadie desea estar con
Alonso. A nadie le importa lo que él piensa, lo que él
siente.
Cuando
Alonso tenía dinero, tenía muchos amigos. Hoy está solo,
no tiene dinero ni amigos. Solo tiene la tristeza y el
recuerdo de una vida llena de proyectos, de alegría y
bienestar que han quedado en el pasado.
La
advertencia de Dios
He visto
a Alonso en varias ocasiones con heridas en su cuerpo.
He sido testigo de lo que dice Proverbios 23:29-30:
“¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para
quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién
las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los
ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, Para
los que van buscando la mixtura”.
Alonso
ya no puede dejar de beber. Ha tenido accidentes, se ha
caído, lo han golpeado, lo han herido, ha sido
humillado... pero aún así no puede dejar de beber. Todo
por haberse detenido mucho tiempo y en mucha cantidad en
el vino.
¡¡Cuánto
no hubiera dado Alonso por haber entendido las
advertencias de Dios!!: “No mires al vino cuando rojea,
cuando resplandece su color en la copa. Se entra
suavemente; mas al fin como serpiente morderá, y como
áspid dará dolor...”
Alonso
ha experimentado en carne propia el dolor de ser un
alcohólico. Jamás imaginó que esta diversión se
transformaría en una lamentable maldición.
Salomón
continúa describiendo lo que siente la persona que “se
detiene mucho en el vino”, y lo dice de la siguiente
manera: “Tus ojos mirarán cosas extrañas, Y tu corazón
hablará perversidades”... la mayoría de las
conversaciones con Alonso hoy día son incoherentes, casi
sin sentido. Él imagina ciertas cosas que no son reales
y sus pensamientos se transmiten en lo que habla.
Definitivamente ya no es el mismo de antes...
“Serás
como el que yace en medio del mar, o como el que está en
la punta de un mastelero” He visto a Alonso caminar de
un lado a otro, dándose de golpes en la muralla y
tropezando en la nada, sus pies arrastran el piso y no
coordina sus pasos... el desequilibrio físico le ha
jugado varias malas pasadas y ha terminado en el suelo
azotando su cabeza contra el piso... ha sido muy triste
ser testigo de tales hechos.
Salomón
continúa ahora su advertencia de lo que ocurrirá: “Y
dirás: Me hirieron, mas no me dolió; Me azotaron, mas no
lo sentí; Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.”
Pareciera que el alcohol adormece los sentidos, el dolor
frente a los golpes parece no existir. Alonso se ha
golpeado muchas veces, ha perdido gran parte de sus
dientes... sin embargo, al día siguiente se olvida de lo
ocurrido y sigue bebiendo empedernidamente.
Talvez
ustedes puedan pensar que el autor esta siendo demasiado
fantasioso con este relato. O talvez piensen que lo que
se ha escrito aquí es una exageración. O talvez que hay
demasiado en esta narración. Pero nada es exagerado
aquí. ¡Que mas quisiera el autor que todo esto no fuera
cierto!
Jóvenes
de la Iglesia de Dios Unida: Dios desea que seamos
prudentes en el uso del alcohol. Recuerden que no
debemos ser esclavos de nada ni de nadie, eso incluye la
a la bebida. Dios desea que seamos íntegros e
intachables en nuestra conducta.
Para los
que se detienen demasiado en el vino y llegando a
embriagarse, Dios les dice que están en juego sus vidas
espirituales. Estas personas, si no se arrepienten y
cambian, “no heredarán el Reino de Dios” (1 Corintios
6:9-10; Galatas 5:19-21).
Alonso
no sabe que Dios le dará su oportunidad en el futuro
para vivir su vida de una manera distinta cuando se
instaure el Gobierno de Jesucristo en la tierra. Cuando
eso ocurra, miles de personas que viven esclavizadas al
alcohol serán libertadas de esta terrible enfermedad que
ha destruido familias, hogares y personas.
Todo
empezó como una “sana” diversión. Alonso no supo poner
atajo a este mal hábito que terminó siendo una costumbre
y al final recibió la mordedura de la serpiente. Recibió
el dolor de ser un alcohólico. Ahora este dolor
lamentablemente lo llevan también sus padres y su
familia.
Muchos
malos hábitos comienzan como un agradable juego. Pero
debemos tener cuidado. Debemos estar atentos para poner
atajo de inmediato cuando se comience a anidar en
nosotros una costumbre que puede traernos dolor y
sufrimiento en el futuro.
Que este
relato sea una experiencia que nos ayude a estar
alertas. A veces pensamos que los malos resultados de
las malas acciones les ocurren sólo a los demás.
Nosotros también podríamos ser victimas del sufrimiento
si no decidimos sujetar a tiempo nuestros malos hábitos.
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