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El Corazón de un Rey

La gente se impresiona fácilmente por la forma en que luce una persona, pero el verdadero liderazgo viene de lo que está dentro de ella–del corazón. Veamos al pastor de ovejas que llegó a ser el rey David. 

Por Ken Treybig

Hace algunas décadas era muy difícil que las personas consiguieran una buena educación universitaria. En esos años había pocas universidades y también había poca demanda por una educación formal debido a que la mayoría de los padres preferían enviar a sus hijos a trabajar para poder ayudar a sustentar a la familia. Las pocas personas que podían tener una buena educación formal les era muy costosa. No solamente era costoso en términos de dinero, sino también en términos de esfuerzo personal. En esos años no había Internet para investigar los deberes. futuroLas personas tenían que ir a las bibliotecas o bien tenían que comprar los libros y estudiarlos con dedicación. No habían computadoras personales. Aun los medios de transporte eran escasos y no tan cómodos como ahora. La educación formal implicaba mucho mas esfuerzo que ahora. Podríamos decir que la vida en general implicaba mas esfuerzo. Por estas razones pocos de nuestros padres tuvieron acceso a una educación universitaria.

 

Nuestros padres tuvieron que trabajar arduamente para lograr que nosotros pudiéramos estudiar y de esa manera también pudiéramos romper con la monotonía de la escasez y de los problemas económicos. En aquellos años, en general, era mucho más difícil tener una vida holgada. Pero también en aquellos años los hombres y las mujeres tendían a ser más esforzados para lograr las cosas que se proponían. Los hombres tenían que trabajar mucho para ser proveedores y las mujeres para ser educadoras de los hijos y amas de casa a la vez.

 

Las comodidades empezaron a llegar a nuestras vidas e irónicamente muchas personas empezaron a ser menos esforzadas por lograr metas. Ahora nuestros hijos—ustedes—tienen muchas mas comodidades que antes, pero también es posible que se esfuerzan menos por prosperar. Esto es una ironía de la cual los jóvenes de la iglesia no deberían ser parte. Muchos de los jóvenes en la actualidad piensan que merecen prosperar, merecen sobresalir en la vida, merecen un buen futuro, merecen un excelente salario, etc. pero no están dispuestos a esforzarse como lo hicieron nuestros padres. Es posible que la sociedad actual imponga más restricciones que antes para que una persona prospere. Vivimos en un tiempo demasiado competitivo. Pero también es posible que las personas se esfuercen menos que antes por prosperar y lograr una vida independiente.

 

Es interesante notar que muchas de las ciudades mas prosperas de la tierra se encuentran en las zonas desérticas y otras ciudades no tan prosperas se encuentran en las zonas mas fértiles de la tierra. ¿Porque es así? Simplemente porque los pobladores de las zonas desérticas han tenido que esforzarse mucho mas por prosperar y lograr un mejor futuro. Han tenido que desarrollar la industria u otros aspectos para suplir lo que la tierra no les ha podido dar debido a la infertilidad. Eso muestra la tendencia normal a no esforzarnos cuando tenemos las condiciones a nuestro favor y viceversa.

 

Todo esto refleja la tendencia de que independientemente de donde crecemos, de la familia de que provenimos, de la educación formal que recibimos, etc. Todos podemos y debemos hacer nuestro mayor esfuerzo por lograr un mejor futuro. Ustedes, jóvenes de la Iglesia, están en la mejor edad por trabajar arduamente ahora para tener un mejor futuro.

 

Lo que la Palabra de Dios tiene que decir: 2 Corintios 9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

 

Gálatas 6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Eclesiastés 9:10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

 

Son muy escasas las personas que sin esfuerzo tienen una vida holgada económicamente, o una familia estable, o una carrera universitaria exitosa. Es mucho más fácil decir lo siguiente: Las personas que tienen una situación económica estable, o una familia estable, o una carrera universitaria exitosa, etc. lo han logrado a través de mucho esfuerzo.

 

Los jóvenes tienen el tiempo y también las energías para edificar un buen futuro.

 

Lo que hemos dicho hasta ahora es que ustedes jóvenes de la Iglesia tienen la capacidad y el tiempo para edificar un futuro próspero aplicando todo su esfuerzo y tomando las decisiones correctas ahora. Tiempo vendrá cuando ustedes no podrán, ni tendrán las energías, ni la agilidad física y mental para cambiar su futuro. El tiempo de edificar su futuro es ahora. Y tienen que edificarlo con esfuerzo, con sacrificio, con dedicación y con buenas decisiones. No se engañen. No existe otro método para lograr un futuro promisorio. Cristo le dijo al apóstol Pedro lo siguiente: Juan 21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

 

Todas las personas queremos un futuro estable económicamente. Todos queremos una familia sólida y ejemplar. Todos anhelamos un futuro talvez diferente de lo que vivimos ahora. Pero la gran mayoría de las personas no están dispuestas a pagar el costo. La mayoría prefieren lograr un futuro mejor, económicamente hablando, a través de medios que no son del todo apropiados: Talvez quitando de los demás, participando en la política, copiando en los exámenes, etc. Estas personas talvez mejoren su futuro financiero, pero no podrán tener un futuro feliz, integralmente hablando. El futuro promisorio integro se logra pagando el costo de lo que ello implica. De hecho, cuando pagamos el costo de lo que implica una buena decisión, aunque nuestro futuro no sea exactamente como lo imaginamos, igual lo apreciaremos y lo viviremos al máximo, porque nos costó esfuerzo, sacrificio y buenas decisiones.

 

La Palabra de Dios con frecuencia habla de que tenemos que aprender a pagar el costo para poder tener un mejor futuro. No podemos evadir esta realidad. Menciono algunos ejemplos.

 

El costo de ser bautizados

 

Cuando nosotros entendemos la verdad, llegamos a la conclusión de que tenemos que ser bautizados para poder ingresar al Reino de Dios y de esa manera poder disfrutar eventualmente de un futuro mucho más maravilloso de lo que imaginamos. Pero el primer paso para eventualmente disfrutar de ese futuro, es el bautismo. No podemos evadirlo.

 

Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

 

En otras palabras, todos eventualmente tenemos que bautizarnos y después tenemos que nacer del Espíritu para poder eventualmente ingresar al Reino de Dios y así disfrutar del mejor de los futuros. Pero antes de bautizarnos, tenemos que evaluar el costo que implica este futuro maravilloso. No podemos evadir este costo. Algunos pueden pensar que no hay ningún costo implícito que pagar cuando “aceptan a Jesucristo.” Pero la Palabra de Dios dice lo contrario: Hay un costo que pagar por un futuro promisorio.

 

Lucas 14:25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

 

El costo de llegar a tener una familia integrada

 

De la misma manera, para tener un matrimonio y una familia estables a futuro, también implica un costo presente. No podemos evadir ese costo. Algunos pueden pensar que tendrán un matrimonio estable y una familia unida y armoniosa aun si ahora tienen relaciones sexuales sin estar casados. Aun si se casan con alguien que no tiene la misma fe. Aun si experimentan el cambiar de pareja frecuentemente. Aun si no estudian para tener una carrera universitaria. Aun si se drogan, fuman y toman alcohol en exceso. Pero todo esto es una ilusión. Si las personas no aprenden a pagar el costo, tampoco tendrán matrimonios y familias armoniosas y estables.

 

Los jóvenes de la Iglesia de Dios deben entender que el tener una familia feliz a futuro implica un esfuerzo ahora. Necesitan estudiar una carrera en la universidad y enfocarse en ella hasta terminarla. Necesitan aprender a convivir en grupo para buscar a la persona más compatible con ustedes. Necesitan escoger a alguien que tenga la misma fe de ustedes o que por lo menos tenga el deseo real de querer creer como ustedes. Necesitan evitar la fornicación. Y necesitan envolver al Dios verdadero en sus relaciones interpersonales.

 

El costo del éxito laboral

 

De la misma manera para llegar a tener éxito en el empleo se requiere pagar un costo en el presente. Es imposible llegar a tener un empleo honesto, estable y bien pagado si en el presente no estamos dispuestos a pagar el costo del tal futuro. ¿Puede una persona irresponsable, impuntual, respondón, que no le gusta trabajar duro, etc. llegar a prosperar en su ambiente de trabajo? La respuesta es obvia.

 

En cambio, aquella persona que se arriesga a llevar a cabo todo tipo de trabajo honrado con sumisión a sus jefes, con responsabilidad, con puntualidad, con entrega y con entusiasmo lo más probable es que sus empleadores querrán conservar a tal empleado y querrán ayudarlo a prosperar más. Cuando pasan los años y aquellas buenas costumbres de trabajo se convierten en hábitos, esta persona será capaz de mantener un empleo de largo plazo y lo más probable es que prosperara en tal ambiente de trabajo.

 

Conclusión

 

Afortunadamente no están solos en este propósito. Los jóvenes de la Iglesia son cada vez más en número y también más concientes del costo que implica un buen futuro y están dispuestos a pagarlo. Por eso necesitan ustedes apoyarse mutuamente en este proceso de preparación, de educación, de inversión, de sacrificio y de esfuerzo. Estoy seguro que en este proceso ustedes tendrán también todo el apoyo de sus padres y de la Iglesia de Dios. Además, se verán animados por las satisfacciones y pequeños triunfos que irán logrando a medida que avanzan hacia el logro de sus metas. Que Dios les ayude en el proceso.

 

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