Enviar a un Amigo Imprimir Página

 

Escojamos Bien a los Amigos

Las amistades son avaladas por Dios y El nos dice que este es un sentimiento sano y constructivo, pero esa amistad profunda debe ser desarrollada con personas que practiquen los principios de Dios.

Por Gerardo Roig

Recuerdo un refrán que repetía mucho mi padre cuando yo era pequeño, este decía así: "Dime con quien  andas y te diré quien eres."

 

Cuando se es niño o adolescente uno no alcanza a dimensionar el alcance de estas sabias palabras, pero a medida que pasa el tiempo éstas comienzan a tomar sentido. A medida que vamos conociendo el mundo, a medida que nos vamos involucrando con el resto de la sociedad comenzamos a entender que el mundo ya no es solo diversión o entretención. Comenzamos a entender que para desarrollarnos es absolutamente necesario involucrarse  con el mundo y sus sistemas de vida: la educación, el sistema laboral, las modas, etc. Inclusive el calendario que usamos es un sistema impuesto por la sociedad. Uno llega a este mundo y tiene que adecuarse a su sistema de vida. Es así como nos vamos desarrollando y dependiendo del lugar geográfico en que nacemos es que vamos adoptando costumbres de acuerdo a la cultura impuesta por esa región. Recuerdo a un sabio señor que decía que la única razón por la cual no adorábamos a las vacas era porque habíamos nacido en occidente y no en la india.

 

Es así como crecemos donde los códigos morales cambian como lo hacen las modas. Un día es mal visto hacer tal o cual cosa, pero un tiempo después la moral se relaja y ya no esta mal hacer lo que hacia un poco de tiempo era incorrecto. Al final pareciera que los seres humaos somos como un velero a la deriva: viajamos solamente en la dirección del viento. Pareciera que no tenemos un timón que nos dirija. Es por eso que es tan importante y trascendental para nosotros los que hemos sido llamados por Dios a no dejarnos llevar por aquellos principios que están en franca rebeldía a los principios de la Biblia. ¿Que podemos hacer para evitar mimetizarnos con el mundo? ¿Deberíamos apartarnos del mundo y hacer nuestra propia vida? ¿Es posible vivir totalmente ajenos a la corriente de este mundo?  ¿Qué nos dice Dios al respecto?

 

Juan 17:15 “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”

 

Según podemos ver en esta escritura lo que Cristo, por medio de Su palabra, nos esta diciendo es que debemos seguir viviendo en medio de esta sociedad, pero le pide a Dios, Su Padre, que nos guarde del mal. Es Cristo mismo quien intercede pidiendo protección para cada uno de los que somos Sus hijos. Claramente Cristo no esta pidiendo que Dios nos saque de este mundo. Su petición va dirigida más bien a nuestra protección. Es claro que el hecho de existir, de tener vida, tiene un propósito. No estamos aquí por casualidad y es necesario que aprendamos a convivir con el mundo en este crecimiento personal. Pero es aquí donde se confunden las cosas. El convivir con la sociedad que no tiene el conocimiento de Dios no significa mimetizarnos con ellos. No podemos ser amigos del mundo y amigos de Dios. El nos reitera y advierte claramente este concepto. 

 

Santiago 4:4 ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

 

Dios nos mantiene en esta sociedad por una razón muy lógica. El convivir dentro de este mundo tiene como propósito el entrenarnos y probarnos. La vida es un campo de entrenamiento y es aquí donde debemos probar cuan fuerte es nuestra voluntad en pos de hacer lo correcto.

 

El refrán “dime con quien andas y te diré quien eres” es muy certero y preciso. Es muy difícil pensar en que alguien pueda sumergirse en el cieno sin salir enlodado. De igual manera cuando nuestra relación es con personas de pocos principios entonces lo mas probable es que por ser aceptado en ese circulo social adoptemos también las mismas actitudes. Esto se da a todas las edades, incluso a edades muy avanzadas donde de un momento a otro, personas que han sido de buena conducta comienzan a cambiar por no haber detenido a tiempo la influencia de algún “nuevo amigo” que tiene códigos morales y espirituales diferentes a los de la Biblia. Esto puede ocurrir, y de hecho ocurre, con personas adultas y con mayor razón puede darse en edades más tempranas. Es común que los jóvenes usen una terminología descalificadora para quienes no los acompañan en sus andanzas. Existen todo tipo de términos para hacer sentir mal a un muchacho o muchacha que decide marginarse de aquellos jóvenes que están optando por un camino equivocado. Cuando era joven, yo lo viví y recuerdo perfectamente lo que me decían y cómo influían en mí y en mis compañeros esas descalificaciones.

 

Entonces, ¿que debemos hacer los adultos y los jóvenes frente a este bombardeo hostil que a diario nos enfrentamos? Primero debemos preguntarnos hacia donde queremos ir con nuestras vidas. Debemos definir lo que deseamos y proyectarnos hacia delante. Debemos necesariamente colocarnos metas físicas pero definitivamente estas deben ir acompañadas de metas espirituales. Necesitamos levantar la cabeza por sobre nuestro hombro para poder vislumbrar el futuro, no siguiendo los parámetros de esta sociedad, sino como lo tiene planificado Dios. Una vez que decidimos adonde queremos ir entonces debemos trazar un plan, una hoja de ruta, que nos guié hacia la meta propuesta. No debemos permitir por ningún motivo que otras personas decidan por nosotros ni debemos ser débiles a aceptar la imposición de nuestro entorno. La solución más radical es pedirle a Dios que nos proteja. Debemos pedirle a El que nos de la inteligencia y astucia para no caer en el juego maligno de la sociedad.

 

Las amistades son avaladas por Dios y El nos dice que este es un sentimiento sano y constructivo, pero esa amistad profunda debe ser desarrollada con personas que practiquen los principios de Dios, personas en las cuales podamos confiar cuado le pidamos un consejo, personas que en su corazón solo quieren agradar a El Eterno, personas en las cuales podamos sentir admiración por su integridad y honestidad al tratar de cumplir lo mejor posible los mandamientos de Dios. Con esas personas ojala nos vieran siempre. Esas personas solo podrán traer a nuestras vidas cosas buenas. Serán personas que estarán ahí para tendernos una mano cuando lo necesitemos sin pedir nada a cambio. Esa es la amistad que Dios quiere para nosotros. Y ese tipo de amistad hará de nosotros y de cada uno de ustedes personas  útiles para el prójimo.

 

Cuando un deportista de alto rendimiento quiere superarse, lo que hace es relacionarse con deportistas mejor que el y propician juntos enfrentamientos de superación en su  disciplina. Si un deportista solo se entrena o juega con personas inferiores a el deportivamente hablando, entonces tendría pocas probabilidades de superarse.

 

Sin duda que nuestra relación con el mundo es necesaria. No podemos vivir en una isla aislados de tentaciones. No es eso lo que Dios pide de nosotros pues estamos aquí en este campo de prueba para demostrar que no somos personas débiles. Muy por el contrario. Cuando nos negamos a seguir conductas pecaminosas de los compañeros, estamos demostrando que somos personas valientes y afortunadas al haber sido llamadas por Dios y que pese a toda la presión que pone esta sociedad, pese a todas las pruebas que debemos soportar seguimos en este camino para probarle a Dios nuestra fidelidad. Se necesita valentía para hacer todo lo que este a nuestro alcance y poder llegar algún día donde Dios y decirle: “Aquí estoy. Pase por el campo de entrenamiento, pase por el campo de pruebas y sobreviví, ahora Dios quiero mi recompensa.”

 

Ojala podamos al final de nuestra vida decir lo que dice el apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:7-8 "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez Justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

 

No olviden que para llegar al final de la carrera debemos estar atentos a nuestro entorno y decidir qué queremos de la vida y además decidir quienes serán nuestras amistades. No dejemos que los demás nos elijan como amigos. Dejemos que sea Dios quien nos ayude a escoger a nuestros amigos. Dios nunca se equivoca.

Contacto: Información & Preguntas | Webmaster |
© 2008
Jóvenes Hispanos Unidos el Sitio Web de Entendimiento para los Líderes del Mañana

Auspiciado por la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional | Política del Sitio