¿Existe Dios?
Desafío a un adolescente.
Por Clyde Kilough

Pero
esa es la pregunta más rara que jamás haya hecho un
ministro, pensé.
Después de todo, era yo un joven de 19 años que había
asistido a la Iglesia de Dios desde que tenía 11 años de
edad, y ahora, cuando me dirigía a un ministro para
consultar acerca de algo tan importante como el
bautismo, e hizo el más sencillo de las interrogantes:
“¿Crees que Dios existe?”
“Por
supuesto que sí”, le respondí, preguntándome por qué me
interrogaba sobre algo que ya sabía que yo creía.
“¿Por qué lo crees?”, se empeñó en hacerme la misma
pegunta.
“Bueno... usted sabe”, contesté nerviosamente, pues me
tomó desprevenido. “No es posible que haya vida sin un
Dador de la vida. La creación requiere de un Creador, la
materia no ha existido siempre y todas las demás cosas
prueban que Dios existe”.
“Así
es”, me dijo. “Pero, ¿qué en lo profundo de tu ser te
hace saber –y saber que sabes- que tienes una firme
convicción de que Dios existe? ¿Qué es lo que te de una
genuina y personal relación con Él?
Después de unos cuantos minutos de consideración
silenciosa, me vi obligado a admitir algo muy humillante
para mí: “supongo que no sé cómo explicar eso”.
Las
cosas no estaban procediendo como debían. Creía que iba
hacer cosa fácil. Fui criado en la Iglesia, había
estudiado el Curso por Correspondencia y ahora
lógicamente supuse que era la ocasión para ser
bautizado. Estudié el tema del bautismo y estaba
familiarizado con las escrituras acerca del
sumergimiento en agua.
Pero
después de únicamente cinco minutos de la primera sesión
de consulta, ni siquiera podía decirle al ministro de
una manera convincente la razón por la cual sabía que
Dios existía. Estaba seguro de que Él existía, pero ¿por
qué lo sabía yo? ¿Cuán real era Dios para mí?
¡Tú puedes saber!
¿Cuán real es Él para ti? ¿Puedes saber por qué Dios
existe? ¿Puedes acercarte a Dios? Sí, lo puedes hacer.
Ni siquiera tienes que ser adulto, ser bautizado,
asistir a una universidad o tener determinada edad. Pero
sí es necesario que hagas el esfuerzo y te pongas a
pensar en estas cosas.
El
Sr. Armstrong frecuentemente mencionaba que el sistema
educativo equivocadamente ha hecho énfasis en memorizar
en vez de aprender. Dios desea que aprendas acerca de
Él, no que meramente memorices cosas sobre Él.
Tomemos el interrogante acerca de la existencia de Dios.
La Iglesia publica un folleto titulado “¿Existe Dios?” que debes
leer. La prueba de que Dios existe es irrefutable.
¡Pero debes comprender que puedes leer este folleto,
acepta lo que lees y hasta memorizarlo, pero eso no
necesariamente te unirá más a Dios ni te ayudará a creer
en su existencia!
Eso
es precisamente lo que mi ministro estaba tratando e
hacerme comprender. Él sabía y me había demostrado que
yo solamente había memorizado las pruebas de la
existencia de Dios.
Había creído y aceptado estas pruebas, y no tenía
preguntas que hacerle al respecto, pero era parecido a
creer y aceptar que el hombre ha caminado en la Luna, o
que existe un país llamado la China.
¿Crees que ha habido astronautas que hayan caminado en
la Luna? - ¿qué existe la China? Claro que lo crees. No
obstante, si hubieras tenido la oportunidad de caminar
en la Luna con esos astronautas o de pasar dos semanas
recorriendo a China, estos hechos serían más
convincentes para ti. Mucho más real que ver algo en la
televisión o leer algo al respecto en un libro.
Lo
mismo es cierto en cuento a tu creencia en Dios. Sí hay
pruebas fidedignas de la existencia de Dios, sobre las
cuales puedes leer, pero es preciso que esas pruebas se
conviertan en auténtica realidad para ti.
¿Cómo? Buscando esas pruebas en la vida real –mediante
vivencias que tengas- en vez de buscarlas en algo que
solamente hayas leído.
Quizás digas: “Pues, claro que Dios me sería real si me
estuviera muriendo y le orara, y Él me sanara
instantáneamente, pero nunca me he encontrado en esa
situación”.
Hay
adolescentes cuyas oraciones han sido contestadas en
forma maravillosa, y así puede ser en tu vida. Pero,
¿acaso tienes que esperar que algo extraordinario te
suceda antes de tener una comprensión más profunda de
Dios?
Una pequeña flor silvestre
No,
un suceso imprevisto o una experiencia estremecedora no
son necesarios para que Dios te sea real. Créelo o no,
una pequeña flor silvestre color púrpura me enseñó la
realidad de la existencia de Dios.
Dos
semanas después de hablar con el ministro, di un paseo
en el campo para pensar. Oré antes de salir y le pedí a
Dios que de alguna manera me ayudara a ser más arraigado
en el conocimiento de su existencia.
Ser
bautizados sin este cimiento firme –estable y constante-
sería desastroso, Como el ministro me había explicado,
se me presentarían pruebas en la vida, a veces tan duras
que me podrían tentar a dudar de Dios: “¿Existes? ¿Te
preocupas de mí? ¿En realidad existes?” Contar con todo
ese cimiento firmemente establecido es esencial para
cualquier cristiano, o sea que tenga la edad de 18 ó
118.
No
obstante, las respuestas aún no se me habían plenamente
cristalizado en la mente y esta contrariedad llenaba mis
pensamientos mientras caminaba en ese campo.
Distraídamente arranqué una pequeña flor silvestre con
la intención de masticar el tallo de la misma. Pero lo
que hice fue empezar a examinarla muy detenidamente.
Cuanto más la miraba, más me maravillaba.
La
pequeña flor era bonita, pero más que eso, era altamente
complicada en su composición. Era tan frágil, con sus
diminutas nervaduras que sostenían cada uno de los
pequeños pétalos transparentes, pero perfecta en forma y
simetría. De poco más de un centímetro de diámetro,
estaba compleja y perfectamente diseñada. La complejidad
y perfección en una flor tan sencilla era impresionante.
Mis
pensamientos lentamente empezaron a cristalizarse y
ampliarse. Me dije: “fíjate también en la otra clase de
vida que aquí existe”. ¡Mentalmente empecé a examinar y
a inspeccionar otras plantas, la hierba, de los árboles,
los insectos, los animales y después, sobre todo,
comencé a considerar el cuerpo humano y el cerebro, el
fantástico computador que me estaba permitiendo pensar!
Un
pensamiento condujo a otro y finalmente a una
conclusión: La armonía en los organismos de este planeta
sencillamente no podía existir por pura casualidad.
Puesto que estaba indagando por qué era imprescindible
que la creación tuviera un Creador, todo se me hizo
fácil de comprender.
En
los días que siguieron, la realidad de la existencia de
Dios se me profundizó más en la mente. Romanos 1:20 de
repente era tan fácil de entender: “Porque las cosas
invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen
claramente visibles desde la creación del mundo, siendo
entendidas por medio de las cosas hechas...”
Se
requirió el escrutinio de una pequeña flor silvestre
para desatar toda una serie de pensamientos en la mente.
Al ver las cosas que han sido hechas, empecé a
comprender las cosas invisibles de Dios de un modo que
nunca antes lo había notado.
Esto
por supuesto no significa que todo el mundo debe salir
apresuradamente al prado más cercano par contemplar las
flores silvestres. Eso es lo que a mí me ayudo, pero
únicamente debido a la disposición en que me encontraba.
Cosas distintas afectarán a diferentes personas en
diversas maneras.
Ve las pruebas en acción
Como
quiera que sea, lo que sí puedes hacer es estar más
atento a la vida que te rodea, y observar cómo las
pruebas de la existencia de Dios realmente tienen que
ver contigo.
Quizás vives en una hacienda. La próxima vez que veas
nacer un becerro, toma tiempo para meditar sobre eso.
Unos meses antes, ese animal recién nacido ni siquiera
era visible. ¿Acaso pudo esa vida venir de una fuente
inexistente?
Tal
vez tienes un telescopio o puedes, en una excursión
escolar a un planetario, mira por uno. Mientras lo
hagas, pregúntate a ti mismo acerca del diseño que estás
contemplando –el orden, cómo es sostenido, las leyes que
gobiernan los cuerpos astrales, la singularidad del
planeta Tierra. ¿Cómo es que todo vino a existir?
Quizás tengas la oportunidad de viajar por el mundo y
ver las ruinas de lugares como Babilonia, Ecrón, Asdod,
Escalón o Sidón. No sólo pienses: “Son ruinas
interesantes”, y después te olvides de ellas. Considera
el significado profético de estos lugares y date cuenta
de que Dios tiene la habilidad de predecir el futuro y
hacer que las cosas se cumplan.
Quizás estés estudiando física o experimentando en
biología. No lo abordes como meramente una tarea
escolar. Asocia esas leyes físicas que ves en acción,
esa oruga que ves transformarse en una hermosa mariposa,
esas ranas que desecas, todo los experimentos que
realices, y has más interrogantes, ¿Acaso es esto así
por pura casualidad?
Sobre el Autor
Clyde Kilough es el actual presidente de la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional, y el articulo que acabas de leer lo escribió en 1981
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