¿Con Quién Nos Casaremos?
¿Con quien queremos compartir el resto de nuestras
vidas? ¿En donde vamos a buscar a la persona con la cual
vamos a compartir el resto de nuestra vida?
Por Saúl langarica

Todos los
jóvenes de la Iglesia de Dios cada vez a más temprana
edad se empiezan a hacer la pregunta de con quien
llegaran a casarse cuando llegue el momento. La mayoría
de ellos no tienen claro la edad a la cual se van a
casar, pero sí desde muy pequeños empiezan a preguntarse
acerca de la persona con la que quieren estar juntos el
resto de sus vidas. Esta es una pregunta genuina que
debemos ayudarlos a responder.
De hecho es
muy común que en la edad de la niñez nos damos de
repente cuenta que nos hemos enamorado de la profesora
de la escuela y pensamos que con ella nos gustaría pasar
el resto de nuestra vida y muchas veces esta
experiencia se convierte es nuestra primera decepción
“amorosa”. Mas adelante, cuando entramos a la
adolescencia, los compañeros de escuela empiezan a
preguntarnos si es que ya estamos “saliendo” con alguna
niña. Ante esta pregunta, tímidamente contestamos que
aun no lo hacemos. Mientras que varios de los compañeros
de la escuela ya lo hacen sin el mínimo interés de
pensar en casarse con la niña con la que están saliendo.
Nosotros en cambio en la Iglesia de Dios estamos
escuchando constantemente que no debemos empezar a salir
con alguien a temprana edad, que debemos empezar a una
edad en la cual tengamos la madurez como para no cometer
errores graves, que pensemos en noviazgo como la etapa
previa al matrimonio, etc.
Pero ni aun
con todas las recomendaciones no podemos evitar pensar
desde cierta edad en la pregunta: ¿Con quien nos
casaremos? ¿Con quien queremos compartir el resto de
nuestras vidas? Y de repente nos encontramos también en
los siguientes escenarios. Decimos: “En la Iglesia no
hay nadie que me guste. Veo a los demás jóvenes como
hermanos con los cuales hemos compartido muchas
experiencias juntos en campamentos, en actividades
sociales, en Fiestas de Tabernáculos y por eso mismo no
existe la atracción como para pensar en compartir
nuestras vidas con estos jóvenes.”
Por otro
lado también escuchamos repetidamente a los ministros
decir que nosotros no debemos casarnos con un
“inconverso”. Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Con quien
vamos a casarnos entonces? Por supuesto que esta es una
pregunta genuina que merece ser analizada con sinceridad
y con detenimiento.
En realidad
la Biblia nos da ciertas recomendaciones con relación al
noviazgo y al matrimonio con la intención de que al
poner en práctica estos principios nos vaya bien.
También a veces surge la siguiente agravante.
Escuchamos: “Tal persona se casó con alguien de la
iglesia e igual le fue muy mal en el matrimonio”.
Quisiera en este punto decir lo siguiente: Dios dice en
Su Palabra que tendremos Su apoyo si acaso nosotros
ponemos en práctica Sus Mandamientos y buscamos a
alguien que también ponga realmente en práctica los
Mandamientos de Dios. El hecho de que alguien “asista” a
la Iglesia de Dios no necesariamente es una garantía de
felicidad matrimonial ni tampoco una garantía de
“conversión”.
Dios en Su
Palabra siempre actúa dándonos las instrucciones
necesarias acerca de muchos asuntos y luego nosotros
tenemos que escoger entre las opciones que Él nos pone.
En cuanto
al noviazgo y al matrimonio Dios por supuesto que
también nos dejó opciones de las cuales nosotros
escogemos.
Cuando
sinceramente analizamos las Sagradas escrituras con
relación a este tema nos damos cuenta que el noviazgo no
es para personas que no tengan la madurez para poder
controlar esta relación sin pecar. En la vida real entre
nuestros amigos y conocidos podemos ver que los
noviazgos a una temprana edad generalmente no tienen un
final feliz. Muchos jovencitos llevan en sus frentes los
rasgos del sufrimiento y de las preocupaciones porque no
supieron controlar maduramente las presiones del sexo
opuesto en una relación de noviazgo. Por supuesto que no
solamente estamos aquí hablando del sufrimiento que
origina un embarazo anticipado o una enfermedad venérea
inesperada. Si no también estamos hablando de las
consecuencias emocionales que deja la inmadurez al no
poder controlar a tiempo la secuencia de sentimientos
que pueden terminar en relaciones sexuales.
Esto
implica entonces que debe haber una edad apropiada para
pensar en casarse y por supuesto para empezar una
relación de noviazgo. ¿Quién va a determinar esa edad?
Generalmente nosotros mismos decimos que podemos
determinar esa edad. Pero seamos realistas. Cuando
estamos en la niñez o aun en la adolescencia nosotros no
podemos decidir sabiamente acerca de la edad en la cual
queremos empezar a salir con alguien. Ojala que podamos
decidir tranquilamente cuando no estamos enfrascados en
los sentimientos ofuscadores del amor, y que
consideremos seriamente el consejo de nuestros padres o
del ministro.
Ahora
volvamos a la pregunta: ¿Con quien vamos a casarnos? ¿En
donde vamos a buscar a la persona con la cual vamos a
compartir el resto de nuestra vida? Mencionaré ahora las
opciones que tenemos en la Biblia.
1. Buscar
a una persona que sea creyente.
¿Acaso estamos diciendo
aquí que sea una persona de la Iglesia de Dios?
Necesitamos explicar. Dentro de la Iglesia de Dios no
necesariamente todas las personas que asisten son
“creyentes”, pero sí podemos decir con honestidad que
para ser creyente la persona debe necesariamente ser
parte de la Iglesia de Dios. ¿Cómo podemos ser
“creyentes” y no creer en el Dios de la Biblia? ¿Cómo
podemos ser creyentes y no creer en la Leyes de Dios
dejadas en las Sagradas Escrituras? ¿Cómo podemos ser
creyentes y no creer en la santa convocación de los
Sábados y las Fiestas Santas de Dios?
Ser
creyente implica entonces creer y esforzarse por vivir
de acuerdo al Dios de la Biblia, creer en Sus
Mandamientos y tratar de vivir por ellos, creer en la
Palabra de Dios y hacer nuestra parte por vivir por
ella.
Notemos las
enseñanzas claras de Dios en cuanto a esta primera
opción que estamos analizando.
2
Corintios 6: 14No
os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque
¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?
¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 15¿Y
qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el
creyente con el incrédulo? 16¿Y qué acuerdo
hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque
vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios
dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y
ellos serán mi pueblo. 17Por lo cual, Salid
de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no
toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18Y
seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos
e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
La razón principal por la cual Dios hace tanto énfasis
en esta primera opción es para evitar que los creyentes
lo dejen a Él, el único Dios Verdadero, y se vayan tras
las creencias de la otra persona.
A algunas
personas en la iglesia les ha sucedido la siguiente
experiencia: Piensan de la siguiente manera: “A mi no me
pasará nunca eso que dicen los ministros de la Iglesia.
Yo si podré traer a este joven a la Iglesia.” Pero
varias de estas personas tarde se han dado cuenta de la
realidad: Ninguno de nosotros puede “abrir la mente” de
las personas a la verdad. Ninguno de nosotros podemos
llamar a una persona a la Iglesia de Dios. Es Dios el
único capaz de llamar a una persona a Su verdad.
Ciertamente Dios bien puede usarnos a nosotros como Sus
instrumentos para llamar a alguien, pero, ¿Cómo lo
sabemos? ¿Estamos dispuestos a correr el riesgo?
Hay muchas
escrituras en la Biblia que afirman la veracidad de esta
primera opción. Veamos otras de ellas:
Esdras
10: 10Y
se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: Vosotros
habéis pecado, por cuanto tomasteis mujeres extranjeras,
añadiendo así sobre el pecado de Israel. 11Ahora,
pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y
haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las
tierras, y de las mujeres extranjeras.
El problema
real en este tipo de relación es el tremendo peligro de
que al mezclarse “con los extranjeros”—refiriéndose a
las personas cuyo dios no es el Dios de la Biblia—las
personas creyentes se debiliten espiritualmente y
eventualmente dejen al Dios Verdadero.
Otra vez,
un joven enamorado dirá: “Es imposible que esta persona
extranjera me lleve fuera de la iglesia o me lleve lejos
de Dios. Eso no sucederá conmigo.” Pero al analizar la
experiencia de Salomón deberíamos reflexionar mas en lo
que Dios dice:
1 Reyes
11: 1Pero
el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a
muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de
Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; 2gentes de las cuales Jehová había dicho a los
hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se
llegarán a vosotros; porque ciertamente harán
inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas,
pues, se juntó Salomón con amor. 3Y tuvo
setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y
sus mujeres desviaron su corazón. 4Y cuando
Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón
tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con
Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. 5Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los
sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. 6E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y
no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.
7Entonces
edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable
de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a
Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. 8Así
hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales
quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
Salomón
cometió dos errores graves en contra de los mandatos de
Dios: Tuvo muchas mujeres y además eran extranjeras.
Cometió el pecado de la poligamia. Además estas mujeres
servían a otros dioses. Ciertamente ellas desviarían el
corazón de Salomón, había dicho Dios. Y en efecto así
sucedió. Salomón con todo y su sabiduría, desobedeció un
mandato de Dios y como consecuencia se inclinó a los
dioses falsos, como Dios le había dicho que sucedería.
Dios sigue diciendo lo mismo aun ahora en este mundo
moderno y liberal.
2. Encontrar a alguien que no
necesariamente esta viniendo a los servicios de la
Iglesia pero tiene un interés genuino de buscar la
Verdad y al Verdadero Dios.
Tenemos en la Iglesia varios
matrimonios felizmente casados en que ambos están
sirviendo a Dios, pero hubo un momento en que el o ella
no estaban en la Iglesia. Pero por el buen ejemplo del
creyente y por el llamamiento de Dios, el amigo o amiga
vino a la iglesia.
Creo
sinceramente que esta opción funciona solamente si
seguimos ciertas normas importantes: Debemos ser un
excelente ejemplo de comportamiento hacia la persona que
no esta en la Iglesia. No debemos hacernos novios antes
de que ellos estén en la Iglesia. No debemos novios en
la esperanza de que de esta manera “lo vamos a traer a
los servicios.” No funciona de esa manera. Lo cierto es
que en la etapa de la amistad podemos invitar a esa
persona a los servicios o le podemos prestar literatura
de la iglesia para que la estudie. En este punto, además
de ponerle un excelente ejemplo, prestarle literatura y
no ser novios antes de que la persona venga a la
iglesia, también debemos pedirle mucho a Dios que Él sea
el centro de este proceso. Debemos pedirle a Dios que si
es Su voluntad, Él sea quien llame a la persona y le
abra la mente a Su Verdad.
Además,
suponiendo que la personas venga a la Iglesia,
deberíamos darle el tiempo prudente para que el o ella
demuestre que en realidad esta buscando la Verdad de
Dios y quiere obedecerla antes de entrar en un noviazgo
con la persona de la iglesia. Debemos recordar aquí que
el noviazgo es la etapa previa al matrimonio. Una
escritura podemos usar para explicar mejor esta opción:
Genesis
34: 8Y
Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo
Siquem se ha apegado a vuestra hija; os ruego que se la
deis por mujer. 9Y emparentad con nosotros;
dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras. 10Y habitad con nosotros, porque la tierra estará
delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad
en ella posesión. 11Siquem también dijo al
padre de Dina y a los hermanos de ella: Halle yo gracia
en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis. 12Aumentad
a cargo mío mucha dote y dones, y yo daré cuanto me
dijereis; y dadme la joven por mujer. 13Pero
respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su
padre con palabras engañosas, por cuanto había
amancillado a Dina su hermana. 14Y
les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra
hermana a hombre incircunciso, porque entre nosotros es
abominación. 15Mas con esta condición os
complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que se
circuncide entre vosotros todo varón. 16Entonces
os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las
vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un
pueblo. 17Mas si no nos prestareis oído para
circuncidaros, tomaremos nuestra hija y nos iremos.
Debemos decir que esta opción tiene
un gran riesgo: ¿Que sucedería si en el proceso la
persona de la iglesia se enamora y luego deja de
escuchar consejos y entra en una relación de noviazgo
aunque la persona de fuera no esta realmente interesada
en la verdad de Dios?
3. Esta opción en realidad no existe a los ojos de Dios,
pero debemos comentarla en la esperanza de que nuestros
jóvenes no tomen esta opción.
Esta tiene que ver con
entrar en una relación con un no-creyente y que no tiene
tampoco la intención de ser creyente. Esta opción esta
claramente prohibida por Dios en la Biblia, como ya lo
vimos al principio.
Aunque esta no es una opción
permitida por Dios debemos decir que igual hay personas
en la Iglesia que la toman, lamentablemente. En muchos
casos, el resultado de esta opción ha sido de problemas
y sufrimientos en el matrimonio. Aunque los ministros de
la Iglesia de Dios Unida no aplican ningún tipo de
represalia a la persona que tome esta opción, la persona
se hace responsable de los resultados de su decisión.
Antes de entrar en esta opción la
persona debe preguntarse: ¿Cómo haremos para educar a
los hijos con dos religiones diferentes? ¿Cómo haremos
para asistir a la Fiesta de los Tabernáculos por ocho
días cada año? ¿Cómo administraremos el hogar si uno
cree en la administración de Dios y el otro no? ¿Me
impedirá esta persona eventualmente obedecer a Dios? ¿Me
alejaré o me acercaré a Dios con esta relación? ¿Me
permitirá esta persona que Dios realmente sea lo primero
en mi vida? ¿Que confianza podremos tener en alguien en
quien las Leyes de Dios no son para obedecerse?
La realidad clara es que muchos de
los creyentes que se han casado con un no-creyente dicen
que si tuvieran la oportunidad de volver a decidir, no
decidirían lo mismo. Otros de ellos han decidido
finalmente separarse porque la vida que soñaron cuando
novios en realidad no fue lo que tuvieron. No podemos
dejar de mencionar que algunos de estos matrimonios han
funcionado en mutuo respeto aunque uno sea no-creyente.
Pero la pregunta surge de nuevo: ¿Cómo podemos saber que
el no-creyente será respetuoso de nuestras creencias y
de la fidelidad matrimonial? Dios prefiere no corramos
ese riesgo.
Volvemos entonces a la pregunta
original. ¿Con quien nos casaremos? ¡Dios nos ilumine
para que podamos tomar la mejor opción!
Sobre el Autor
Saúl Langarica es el pastor de la
Iglesia de Dios Unida en el Cono Sur
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