La Contribución de La Juventud
a la Iglesia de Dios

La humildad de recibir y atender consejos del ministerio, de los padres y miembros convertidos, es base determinante para la formación y madurez juvenil.

 

Por Héctor Pérez

 

Seguramente hemos escuchado en más de una oportunidad que la juventud es el futuro de la Iglesia, y en ello hay mucha razón, sin embargo, también es igual de cierto que es un presente vivo, un presente dinámico y porque no decirlo, un hermoso y valioso presente.

Dios nos ha dotado de innumerables atributos y talentos y según sea la edad de cada persona, así los podemos utilizar dentro del Cuerpo de Cristo.

La juventud es el período de nuestras vidas en que podemos desarrollar con mucha energía, creatividad y  dinamismo las tareas del servicio hacia los demás, pero para ello es necesario estar plenamente convencidos de que somos valiosos, de que somos sinceros y auténticos y que queremos ser imitadores de los verdaderos hijos de Dios, para ser muy diferentes de los jóvenes que no están siendo educados en el camino correcto y verdadero, el camino que tiene como objetivo primordial la formación de verdaderos líderes, que sorteando obstáculos, dificultades, presiones negativas y momentos amargos, tienen la claridad de que son poseedores de la maravillosa oportunidad de desarrollar un Increíble Potencial  Humano de llegar a ser hijos de Dios.

La sociedad está formando una juventud cada vez más perversa y violenta.

La influencia satánica destruye sin misericordia y en forma alarmante los pocos principios y valores morales, sociales y familiares que van quedando, colocándolos o señalándolos como algo ridículo, anticuado, obsoleto y totalmente fuera de lugar en este “moderno y light” mundo, a pesar de las muchísimas pruebas que pueden mostrarse de que lo que está ocurriendo realmente es una vorágine de destrucción. Pero esa misma influencia negativa también tiende un velo de ceguera fatal que no permite discernir los catastróficos resultados que provoca.

Es por ello que la Iglesia de Dios constituye un fértil campo y un espacio único en donde los jóvenes tienen la maravillosa oportunidad de practicar y poner en acción todo aquello que está totalmente opuesto a lo que los destruye, ya que a los buenos principios y valores indicados, se agregan a su conocimiento aquellos que son los verdaderamente importantes: los espirituales.
                                                
¿Es fácil? ¡Claro que no!

Se requiere de una enorme fuerza de voluntad y decisión firme para mantenerse en lo parámetros correctos, siendo de suma y relevante importancia contar con el apoyo, acompañamiento y fortaleza de otros jóvenes que también tienen el mismo deseo de ser diferentes, aquellos jóvenes con quienes se va creando un vínculo personal de hermandad y de unidad, identificándose mental y emocionalmente, de tal suerte que se va constituyendo un verdadero equipo que acciona positivamente.

La mentalidad de los jóvenes tiene que estar bien cimentada en que las cosas tienen que ser radicalmente diferentes dentro de la Iglesia, en lo relacionado con comportamientos lesivos a la moral, a las buenas costumbres y todas aquellas actitudes perniciosas y contrarias a los fundamentos cristianos que la juventud entiende y comprende que son las que norman la vida de los hijos de Dios.

La humildad de recibir y atender consejos del ministerio, de los padres y miembros convertidos, es base determinante para la formación y madurez juvenil.

La contribución de la juventud a la Iglesia de Dios es precisamente constituirse en un grupo que no rehuye a los retos de ser diferentes y mostrar el valor y la entereza para resistir los embates y ataques perjudiciales, mostrando pruebas y frutos de que es posible vencerlos, sin dejar de ser alegres, espontáneos, creativos, decididos, valientes, arriesgados pero con prudencia, intrépidos pero respetuosos, inteligentes, innovadores y primordialmente jóvenes modelos con el anhelo de ser buenos cristianos.

La Biblia contiene una amplia variedad de ejemplos e historias de jóvenes que vivieron a la manera de Dios, pero en la historia reciente, la Iglesia ha tenido el privilegio de contar siempre con ejemplos vivos de jóvenes triunfadores, esforzados y comprometidos, que se constituyen en fuentes de inspiración para otros jóvenes, para niños y  adultos, quienes ven en ellos que no importa la edad para ser bendecidos, probados y protegidos por el Eterno.

Los sábados, las Fiestas Santas y la vida diaria serán siempre una gran oportunidad entre la juventud para convivir, aprender  y servir en la majestuosa Obra que se forja para establecer un mundo nuevo.

Corresponde al conjunto que formamos la Iglesia, animar, impulsar, apoyar, comprender y respetar a nuestros jóvenes, pidiendo a Dios por ellos.


Héctor Perez es miembro de la Iglesia de Dios Unida en Guatemala.

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