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El anhelado futuro tiene un precio que no tiene valor en dinero. El verdadero valor es el desarrollo de ciertas características que cualquiera puede aprender si es que realmente está dispuesto a alcanzar la meta que se ha propuesto.
Por Jaime Gallardo
Una de las experiencias mas llena de expectativas e ilusiones es la de volver a las aulas, ya sean éstas las aulas escolares o universitarias. En estas volveremos a encontrarnos con nuestros compañeros así también con nuestros profesores. Volveremos a encontrarnos por otro lado con nuestro presente y en muchos casos volveremos a soñar con lo que será nuestro futuro.
"Futuro" que cuando se es joven se presenta, mas que en cualquier otra época de la vida, a vuestros pies...
A través de los años de mi vida he visto a muchos desear y soñar con el futuro, esto es, si se es estudiante secundario a muchos los he visto soñar con llegar a la universidad y si se es universitario a muchos los he visto soñar con la profesión... ¡sin embargo han sido pocos los que han logrado!
¿Por qué? porque el futuro, la meta que todos y cada uno se ha propuesto, tiene un precio y son pocos los que realmente están dispuestos a pagarlo.
Déjenme contarles un testimonio de vida: Cuando tomábamos las vacaciones del primer año de universidad después de vivir el intenso primer año un
ex-compañero de curso me contó la siguiente experiencia en lo que fue su primer año en la carrera de ingeniería civil de la Universidad de Concepción, Chile allá por el año 1984.
Estaban todos los alumnos que tomaban el ramo de Calculo I ese año. Aproximadamente 800 alumnos entre repitentes. Era un aula inmensa tipo anfiteatro. Estaban todos escuchando al profesor quien les estaba haciendo una pequeña introducción de lo que sería el ramo. Además de mencionarles cual era la expectativa que él se hacia del curso, él les dijo : "El próximo semestre , en esta aula , habrán 400 alumnos."
Muchos de los que escucharon esta aseveración se rieron con tono escéptico incluso Mauricio. Lo paradójico para todos fue que al comienzo del segundo semestre cuando iniciaban el ramo de cálculo II en el aula había aproximadamente 400 alumnos. Y cuando el mismo profesor les manifestó que la expectativa de aprobación para el presente curso era de 200 alumnos... esta vez ya nadie se rió...
El anhelado futuro tiene un precio que no tiene valor en dinero. El verdadero valor es el desarrollo de ciertas características que cualquiera puede aprender si es que realmente está dispuesto a alcanzar la meta que se ha propuesto.
En mi opinión estas características son :
a) CONVICCION: Para alcanzar la meta que uno se ha propuesto requiere básicamente que uno esté realmente convencido del lugar o punto al cual uno quiere llegar. Si nuestro objetivo no es claro nuestros anhelos e ilusiones tampoco lo serán... y por ende los esfuerzos también serán difusos y poco efectivos.
b) ESPIRITU DE SACRIFICIO: Alcanzar la meta requiere en muchos casos largas horas de estudio y reflexión, horas que generalmente son extraídas del tiempo que teníamos destinado al dormir y al esparcimiento. Desde siempre hemos escuchado que los deportistas de elite pasan todo el día entrenando:16,17,18 horas por día. Esto es absolutamente cierto. En este punto vale la pena recordar el dicho: “Todo esfuerzo tiene recompensa y a mayor esfuerzo hay mayor recompensa”.
c) ESPIRITU DE HUMILDAD: Una de las mayores dificultades que presenta el alcanzar la o las metas en la vida está dado por el orgullo. El orgullo muchas veces no nos permite ver en que estamos fallando.
El orgullo, lesiona muchas veces muy profundamente las relaciones humanas en el trabajo y en el estudio.
Poder aprender a estudiar, para poder resolver problemas, muchas veces se logra cuando se trabaja en equipo. Pero el orgullo imposibilita y obstruye el desarrollo de esta faceta.
El darse cuenta que uno está equivocado y que necesita ayuda, y más aún el pedir ayuda requiere de una buena cuota de humildad. El poder aprender lo necesario en el momento apropiado puede traducirse en la clave del éxito y o del fracaso.
El alcanzar metas y objetivos en la vida muestra muy claramente que clase de personas hemos decidido ser. Cumplir con nuestros anhelos e ilusiones nos hace ser coherentes y respetuosos con nosotros mismos y con los muchos que han puesto sus ojos en nosotros.
El futuro que tenemos frente a nosotros no es sino otra cosa que el fruto de las decisiones que tomemos en el presente. El volver a enfrentar un nuevo año no es sino otra cosa que una nueva oportunidad que DIOS no da en este largo camino hacia la conquista de nuestros anhelos e ilusiones.
Sobre el Autor
Jaime Gallardo es ministro de la Iglesia de Dios Unida en las ciudades del sur de Chile.
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