La Necesidad de Estudiar
No permitamos que la educación formal nos lleve al punto de olvidarnos de Dios. Pongamos las cosas en perspectiva. Que Dios sea primero en nuestras vidas.
Por Saúl Langarica
En esta parte del mundo pronto los estudiantes estarán terminado su ciclo escolar y estarán entrando a un periodo de vacaciones para luego reintegrarse a sus estudios en el nuevo ciclo.
La ansiedad se empieza a apoderar de muchos de los estudiantes al tener que presentar distintos tipos de exámenes antes de terminar este ciclo. Por esta tensión que se maneja en las épocas de exámenes y en los estudios en general, por el costo de las carreras universitarias y talvez por el desgano de jóvenes en seguir el proceso de educación, no son muchos los que estudian y se gradúan de una carrera universitaria.
En la Iglesia de Dios es nuestra filosofía que nuestros jóvenes estudien lo máximo que las circunstancias se lo permitan. Quiero analizar las circunstancias aparentemente prohibitivas que mencionamos arriba.
La Presión que implica la Educación Formal
Los estudios formales en las escuelas implican presión, implican reglas, implican exámenes e implican disciplina. En circunstancias normales a ninguno de nosotros nos agradan estas cosas. Sin embargo, si no fuera por este tipo de atributos que aprendemos cuando vamos a la escuela, la sociedad en general estaría con menos educación y con más delincuencia y por ende con menos posibilidades de prosperar.
De todos es sabido que las sociedades mas educadas, también tienden a ser las mas prosperas en todos los sentidos. Porque las escuelas no solamente nos enseñan las ciencias, sino también nos enseñan la autodisciplina, el deseo de prosperar, la importancia de socializar y la buena administración. Inclusive la competencia sana es un aliciente para prosperar.
También es de todos sabido que las personas que tienen la oportunidad de estudiar en una institución formal, su mente de alguna manera se vuelve más apta—por la práctica—para aprender. Hay muchos beneficios físicos, mentales y emocionales que se obtienen de estudiar en instituciones formales.
Los beneficios físicos son obvios para todos. Es mucho más fácil encontrar un empleo para una persona con educación formal. La posibilidad de conseguir un mejor salario también es obvia. En nuestra sociedad moderna competitiva es absolutamente necesario que nuestros jóvenes estudien lo más posible. Su futuro material en gran parte dependerá de eso. Todos sabemos que a veces ni siquiera es tan vital que el joven obtenga la mejor de las calificaciones. Lo importante es que tenga un titulo formal de educación para abrir las puertas de un mundo competitivo. Sin embargo, entre nosotros en la Iglesia de Dios debemos tener en mente el hacer el mejor esfuerzo por ser el mejor estudiante y el mejor profesional.
1Co 9:24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
La educación formal también nos trae beneficios mentales porque nuestras neuronas se
vuelven más aptas para el aprendizaje en general debido a la disciplina y a la práctica del
estudio. La mente se vuelve más analítica y más apta para razonar. Esto puede ayudar
inclusive a estudiar la Biblia debido a que la ciencia y la Biblia no se contradicen, mas bien se
complementan. Nuestros músculos, incluido el cerebro, se vuelven mas aptos por la práctica.
Por otro lado, los estudios formales también traen beneficios emocionales porque nos dan la
posibilidad de conocer a muchas personas que de otro modo no conoceríamos. La interacción
con otros estudiantes nos desarrolla el sentido de socializar y de aprender a resolver
problemas de relaciones humanas. Nos prepara para desenvolvernos en ambientes diferentes
y nos abre las puertas hacia oportunidades diversas.
En otras palabras, la presión de adquirir una educación formal más que un problema debería
ser en beneficio del desarrollo del carácter, especialmente cuando hablamos a un grupo de
jóvenes que se esfuerzan por obedecer al Dios de la Biblia, Quien quiere ser el Primero en
nuestras vidas, pero sin dejar de lado aquellas cosas que son “segundas”, como los estudios.
El Problema de las Finanzas
El segundo factor que puede impedir el obtener una educaron formal es el financiero. Es lamentable que en muchos países la educación formal sea en realidad un gran negocio para los propietarios de los planteles educativos. De esta manera el sistema mismo se ha encargado de que la educación formal en la mayoría de los planteles públicos no sea de lo mejor. Y como consecuencia las instituciones más caras se han vuelto las más selectivas en cuanto al nivel de educación y al tipo de estudiantes que ahí estudian.
Sin embargo, gracias a Dios que en algunos países también existen muchas formas para financiar la educación formal. Por supuesto que la primera opción de financiamiento idealmente debería ser la ayuda de los padres. Otra opción viable y correcta para evitar el endeudamiento es el hecho de que los estudiantes puedan trabajar para autofinanciarse. La opción del préstamo es algo muy bueno ante la imposibilidad de la ayuda de los padres o ante la imposibilidad de poder trabajar y estudiar a la vez.
La falta de entusiasmo por el estudio
Un tercero y último factor que impide que los jóvenes estudien es el tema del entusiasmo. Alguien dijo hace poco en relación a los estudios: “Los próximos cinco o seis años de todas maneras pasaran.” La pregunta es: ¿Como queremos que pasen en nuestra vida los próximos cinco o seis años? ¿Queremos pasarlos sin hacer nada? ¿Queremos pasarlos casados? ¿Queremos pasarlos trabajando? o, ¿queremos pasarlos estudiando para después disfrutar de una mejor vida material?
La realidad es que los jóvenes deberían aprovechar la oportunidad que su edad les da para seguir aprendiendo y desarrollándose antes de tomar otras responsabilidades como el trabajo, la familia o el no hacer nada.
Las mentes de los jóvenes están en la etapa de aprender. Sus neuronas están frescas todavía para “moldearse” a aquello a lo cual las queremos llevar. Para los jóvenes, este es el tiempo de estudiar y prepararse. Ya llegará el momento de trabajar y tener una familia. ¿Como podremos proveer apropiadamente para una familia si no tenemos un buen trabajo? ¿Como podremos tener un buen trabajo si no estudiamos?
No creo que deberíamos pensar de la siguiente manera: “El mundo esta muy mal. Prefiero no estudiar para no mezclarme con él y así correr el riesgo de contaminarme con la sociedad.” Tampoco deberíamos decir: “Cristo vendrá muy pronto y como consecuencia prefiero solamente prepararme en lo espiritual.” Tampoco deberíamos decir: “¿Para que estudiar si en el reino de Dios esto no me servirá de nada.”?
Mateo 5:14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.
Más bien deberíamos pensar de la siguiente manera: “Si estudio una carrera universitaria tendré la oportunidad de ayudar más a mis padres. Tendré ciertas capacidades físicas y mentales que me pueden hacer más útil para ayudar en la Iglesia. Si estudio una carrera universitaria esto me dará la oportunidad de practicar en la vida real las enseñanzas que recibo de parte de la Palabra de Dios”. ¿Como puede alguien ser una luz si se oculta debajo de la almohada? ¿Como se puede ser útil a los demás si nos convertimos en ermitaños?
Finalmente, ¿de que nos servirá una carrera universitaria para la salvación? Debemos recordar que la vida eterna no es algo que nosotros nos ganamos. La vida eterna es un regalo de Dios. Sin embargo, el galardón que tendremos en la vida eterna tendrá que ver con las cosas que hoy hacemos o dejamos de hacer. ¿Acaso estudiar en la universidad nos capacita para mejor servir a los hermanos ahora?, ¿acaso estudiar una carrera universitaria nos ayuda a edificar mas el carácter de Dios si hago las cosas como El me manda? Si la respuesta es si, entonces esto quiere decir que el estudiar una carrera también nos capacitará para tener talvez un mejor galardón cuando Jesús regrese.
Por otro lado, no sabemos cuantos años faltan para que Jesús regrese. Mientras El no venga, nosotros debemos trabajar fuertemente con los dones que Dios ha dado. Utilicemos el don de la buena salud, usemos el don de una mente sana, utilicemos el don de tener a nuestros padres. Utilicemos el don de que estamos sanos, utilicemos el don de que podemos conseguir dinero para estudiar. Utilicemos todos estos dones de Dios para poder lograr una educación formal. Algún día estaremos muy agradecidos de ser profesionales.
Eclesiastés 9:10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.
Y un último consejo: No permitamos que la educación formal nos lleve al punto de olvidarnos de Dios. Pongamos las cosas en perspectiva. Que Dios sea primero en nuestras vidas. Que Su Ley sea fundamental en nuestras mentes. Después de Dios que vengan los estudios. Este orden de prioridades Nos hará aun más exitosos.
Sobre el Autor
Saúl Langarica es padre de familia, y es el Pastor de la Iglesia de Dios Unida en Santiago de Chile.
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