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Retorno al Edén:
El fin al hambre y a la enfermedad

El sufrimiento por la enfermedad, la pobreza y el hambre, nos hace añorar aquel día en que la utopía real vendrá sobre la tierra.

Por Mike Bennett

"Las fotos de los niños que desgarran nuestro corazón están allí, con sus ojos muy abiertos y compungidos por el dolor, sus costillas resaltadas y sus cráneos grotescamente desproporcionados en relación con sus cuerpos consumidos”, escribió James Morris, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, en relación a la sequía y el ataque de langostas que provocó la hambruna en Nigeria en el año 2005.

eden"Su piel cuelga sobre sus débiles huesos y muchos son alimentados a través de tubos pegados con tape sobre sus bocas. Han sido condenados a pasar sus últimos días en un deteriorado lugar que muchos nunca dejarán."

La Organización (FAO) de las Naciones Unidas ha estimado que más de 840 millones de seres humanos padecen de hambre cada día. Como consecuencia 25,000 personas mueren cada día debido a desnutrición y enfermedades relacionadas con el hambre—las tres cuartas parte de ellos son niños menores de cinco años (www.just1world.org/food-and-hunger.htm).

Cerca de la mitad de 50 millones de refugiados en el mundo son niños. Más de 2 millones de niños murieron debido a conflictos en la década de los 90. Seis millones más resultaron heridos y cerca de un millón viven en la orfandad.
Cada año, millones de niños (y adultos) son afectados por enfermedades, lisiados o incapacitados.

"¡Venga tu Reino !"

Dichas estadísticas e historias que llegan al corazón nos hacen clamar a Dios pidiendo que su Reino prometido venga —aunque cada día hagamos algo por ayudar.

El profeta Ezequiel registra algunas de estas fantásticas promesas para el mundo por venir:
"Y levantaré para ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la tierra”… (Ezequiel 34:29; ver también 36:29-30).

La hambruna ha afectado a la humanidad a través de la historia. Cada esfuerzo por terminar con el hambre por medio de la producción agrícola y los programas masivos de alivio han fallado. Las guerras, las sequías, la enfermedad y la ineficiencia de los gobiernos así como la corrupción han frustrado los avances de la revolución verde o la biotecnología.

Pero Dios ha prometido una producción agrícola abundante que terminará con el hambre y la inanición.
"'He aquí vienen días, dice El Eterno, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán… Plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos” (Amos 9:13-14).

La versión de la Biblia del Rey Santiago aclara el significado de las declaraciones del profeta Amos: El que ara alcanzará al segador, quiere decir que habrá tal abundancia que la cosecha durará todo el verano y no será recolectada hasta que el segador empiece de nuevo”.

Cuando el temor a la Guerra sea quitado, todos se sentirán seguros y contentos: “Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del ETERNO de los ejércitos lo ha hablado” (Miqueas 4:4).

Isaías escenifica estas palabras de tierras improductivas transformadas en hermosos campos productivos "y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto del Eterno; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto (Isaías 51:3).

Por miles de años, las actividades humanas han reducido la cantidad de tierra productiva en el mundo, incrementado el tamaño de los desiertos. Pero todo eso cambiará en el mundo de mañana. El profeta Isaías tuvo la siguiente visión:
"Se alegrará el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa; florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedad en manaderos de aguas” (Is. 35:1-2, 6-7).

¡La enfermedad y la discapacidad desaparecerán!

Este hermoso capítulo también describe la sanidad de las discapacidades que han plagado a la humanidad:
"Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 35:5-6).

El poder sanador de Dios hará lo que la ciencia médica solamente ha soñado —restaurar los intrincados sistemas que nos permiten ver, oír y aún hablar.

Después de describir el pecado y las enfermedades incurables que prevalecen en el mundo actual, Jeremías registra la promesa de Dios: "'Más yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice el ETERNO" (Jeremías 30:17).

Dios, como nuestro Creador, sabe exactamente como deben funcionar nuestros cuerpos y tiene el poder para reparar los efectos acumulativos de los abusos del ser humano durante miles de años. Pedro nos recuerda que debemos enfocarnos sobre el increíble amor de Jesucristo, “Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Peter 2:24). Mateo nos dice, "El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias" (Mateo 8:17). La enfermedad y todas las penas que le acompañan serán finalmente conquistadas. La gente será enseñada sobre la causa de las enfermedades y cómo prevenirlas. Los problemas por gastos y reducción de la productividad por enfermedad de individuos, familias y la sociedad, será cosa del pasado.

Nuestro futuro

Las abundantes cosechas, la restauración de la belleza del ambiente, la salud vibrante de la gente—son una maravilla por sí mismas. Aunque la humanidad ha disfrutado algunas de estas cosas temporalmente, las han arruinado. ¿Cómo se puede prevenir que esto ocurra de nuevo?

Dios nos muestra que El desea que estas bendiciones físicas nos conduzcan a algo más increíble.

"Y os acordareis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas (la causa del sufrimiento de esta era); y os avergonzareis de vosotros mismos por vuestras iniquidades" (Ezequiel 36:31).

Dios desea que estas bendiciones nos guíen al arrepentimiento—el vehemente deseo de cambio en nosotros. Dios quiere cambiar nuestros corazones y nuestras mentes para que no repitamos las tragedias de esta Era. Identificar los problemas en nuestros corazones y un profundo deseo de cambio por nosotros mismos, son los primeros pasos para convertirnos en ciudadanos que no destruirán el hermoso mundo que Dios edificará.

Para más información sobre el proceso de arrepentimiento y el cambio que debes iniciar, baja o solicita nuestro folleto gratuito titulado “Transforme su vida: El proceso de la conversión”. Si permites que Dios cambie tu vida, no cambiarás el mundo hoy, pero te prepararás para servir a Dios y ayudar a otros a entender la inminente venida de su Reino utópico a esta tierra. VT

 

Sobre el Autor
Mike Bennett, ministro de la Iglesia de Dios Unida, es editor de United News. El, su esposa Becky y sus dos hijas viven cerca de Cincinnati, Ohio.

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