¿Quién vestirá la tierra de verde?
Cuando Dios hizo al primer ser humano y lo puso en el jardín del Edén, le ordenó “labrarlo y guardarlo” (Génesis 2:15). Podríamos decir que Adán fue el primer ambientalista y su trabajo cuidar el entorno donde Dios lo había puesto.
Por David Treybig
Tristemente, la humanidad no siempre ha seguido las instrucciones que Dios le dio a Adán (y a través de él a toda la raza humana). En lugar de esto, los seres humanos a menudo han descuidado y dañado nuestro planeta debido a la pereza, o bien en su afán por adquirir ganancias financieras. La historia actual ha visto serios accidentes de derrames de petróleo contaminando las aguas y poniendo en peligro la vida silvestre. Los desechos tóxicos nos recuerdan los accidentes ocurridos cuando se maneja energía nuclear, contaminando corrientes y cuerpos de agua como una evidencia de la ilegal e inapropiada utilización de químicos.
En contraste con la fealdad y muerte causada por la contaminación, el color verde de plantas y árboles a menudo se asocia con la protección de nuestro planeta de la contaminación y la destrucción.
Al saber que la emisión de varios gases son la causa del calentamiento global, muchos países desarrollados han estado de acuerdo en reducir el dióxido de carbono y otros cinco “gases de invernadero” según el Protocolo de Kioto —un acuerdo suscrito bajo el marco de la “Convención sobre el Cambio del Clima”, de las Naciones Unidas del 11 de diciembre de1997. Aunque el apoyo a este esfuerzo todavía no es universal y algunos cuestionan la investigación de la ciencia sobre el cambio climático.
De hecho, 31 mil americanos con grado académico en ciencias han firmado una “Petición sobre el Calentamiento Global” que proclama: “No hay evidencia convincente de que el dióxido de carbono emitido por la humanidad, el metano y otros gases de invernadero causen o provoquen en un futuro cercano el catastrófico calentamiento de la atmósfera terrestre y la alteración del clima. Estos escépticos creen, además, que “los límites propuestos a dichos gases que calentarían el ambiente, impiden el avance de la ciencia y la tecnología, dañando la salud y el bienestar de la humanidad”.
A pesar del debate sobre la advertencia del calentamiento global, ¿que deberían hacer los cristianos? De la instrucción dada por Dios a Adán, de labrar y cuidar su ambiente, sabemos que debemos ser cuidadosos y no desperdiciar innecesariamente los recursos o contaminar nuestra tierra. Pero a diferencia de aquellos que creen que los esfuerzos humanos podrán, finalmente, resolver los problemas ambientales, la Biblia nos predice un escenario diferente.
Después de un tiempo de problemas que incluirán una Guerra mundial, hambres, pestes y cataclismos en la naturaleza, amanecerá una nueva era en la que la tierra será muy verde—esto es más fértil y productiva de lo que podemos imaginar hoy. Este reverdecimiento de la tierra también estará caracterizado por una asombrosa transformación en la naturaleza humana así como el reemplazo de gobiernos corruptos por gobernantes rectos que verdaderamente servirán a sus pueblos. En este número nos deleitamos en enfocar nuestra atención sobre el asombroso reverdecimiento prometido por Dios mismo. VT
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