La trampa de la soledad
La soledad es verdaderamente una experiencia humana. Las primeras páginas de la Biblia nos revelan un hombre solitario y un Dios amoroso que expresó, “No es bueno que el hombre esté solo.”
Por Mike Bennett
Un reciente estudio muestra que el número de americanos sin amigos cercanos se ha duplicado en los últimos veinte años. Los americanos son más aislados hoy que hace dos décadas, y cada vez más gente dice que no tienen a nadie en quien puedan confiar. (Shankr Vedantam, Washington Post, 23 de Junio del 2006)
Esto no nos sorprende a muchos. Sabemos que la soledad puede afectar a cualquiera y donde sea, aún en un concurrido cuarto de la universidad.
Prisionero de mi mente
En mi primer año de Universidad obtuve una beca que incluía residencia, así que me trasladé a un dormitorio de interno a menos de 80 kilómetros de mi hogar. Podía ir a casa los fines de semana y ver a mis amigos de la Iglesia; además, compartía con algunos de mis amigos de la escuela secundaria. ¿Que más podía pedir?
Mi compañero de cuarto, otro alumno de nuevo ingreso, era amigable, aunque no le veía con frecuencia. Durante el segundo semestre solicitó su traslado para estar con su círculo de amigos. En alguna parte de mi mente surgía la pregunta, ¿que hice para que tomara la decisión de moverse?
La chica que me gustaba en la Iglesia se había trasladado a otra ciudad y mis llamadas telefónicas tenían un tono desesperado, aún para mis oídos.
La Universidad me asignó otro compañero de cuarto, una persona con libertad condicionada. Tenía probablemente unos 30 años y no parecía que tuviésemos mucho en común. El solamente estaba durante el día, porque tenía que regresar a la prisión en las noches, así que lo veía muy poco. Por alguna razón me sentía extraño.
Estaba muy ocupado con mi pesada carga de clases y escribía para el periódico de la universidad, así que realmente no tenía mucho tiempo para socializar, pensaba. Pero de pronto, me encontré escuchando música melancólica (aún el álbum de música de mi compañero) sintiéndome intensamente solo. Era un estudiante universitario asustado, abandonado y nostálgico, como un niño.
Sentimientos de abandono
La soledad tiene su origen en nuestro genético temor programado de abandono, dice John Selby, autor del libro titulado Soledad. “El abandono es una experiencia que en los bebés amenaza su supervivencia… una vez que alcanzamos cierta edad, explotamos por pequeñeces. Y, en efecto, cuando los niños se dejan con un pariente lejano experimentan un enojo desmedido y entran en la siguiente fase con sentimientos de pena, desesperanza, depresión y desajuste” (Pág. 29, 1988). A medida que transcurren los años nos vemos obligados a desarrollarnos, en un menor o mayor grado, adoptando mecanismos de defensa contra aquellos tiempos de soledad que nos sobrevienen a todos.
La soledad es verdaderamente una experiencia humana. Las primeras páginas de la Biblia nos revelan un hombre solitario y un Dios amoroso que expresó, “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Dios nos proporcionó la solución, creando una compañera como fundamento de la familia y la comunidad.
Pero hay tiempos de transición – traslados, muertes, desastres, divorcios y otros eventos que causan separación entre las personas. Y todo esto inevitablemente nos ha traído períodos de soledad. Moisés lo vivió. Elías experimentó una soledad atroz. Aún Jesús, rodeado de 12 amigos cercanos, estuvo abandonado al final y nunca fue verdaderamente comprendido durante su vida.
Un modo diferente de ver la soledad
De acuerdo con el Centro de Consejería de la Universidad de Illinois, los estudiantes universitarios son particularmente susceptibles a las siguientes percepciones equivocadas:
• "La soledad es un signo de debilidad o inmadurez”
• "Hay algo que no está bien en mi si estoy solo. Estos debieran ser los mejores años de mi vida”
• "Soy el único que me siento así" (www.couns.uiuc.edu/brochures/loneline.htm).
Todas estas ideas son equivocadas y contraproducentes, como lo comprobé. Así que, consideremos la soledad desde una perspectiva diferente.
“Tendemos a hacer más por nosotros mismo cuando padecemos dolor, incomodidad o crisis de una u otra forma. El sentimiento de soledad, como cualquier otro dolor que experimentamos, funciona como un indicador de que algo no anda bien en nuestras vidas”, escribe John Selby.
“La soledad puede ser un estímulo para desarrollar buenas relaciones con otros y con nosotros mismos, creando experiencias que finalmente recompensan nuestras vidas… lo cual nos empuja al mundo para satisfacer nuestras necesidades personales. De otra manera, podríamos fracasar completamente sumergidos en nuestro mundo solitario y romper nuestra relación con los demás” (Selby, pp 28-29).
La soledad es un signo y un catalizador para cambiar. ¿Pero cuáles cambios son efectivos y cuáles no?
"Soluciones" que debemos evitar
Cuando nuestra soledad proviene de la pérdida de un amigo o de un amor, hay algo en lo que debemos poner atención:
"Todos estos años, de acuerdo a mi experiencia personal, así como en la terapia de mis clientes y amigos, cuando uno corre a reemplazar a alguien en lugar del viejo amigo o amor, esta nueva relación está condenada al fracaso
“Una relación de 'rebote' no es una relación sólida, sino más bien un intento para sobrellevar el dolor, mediante la sustitución de un nueva persona por la otra. Este proceso de injertación podría, temporalmente, amortiguar la soledad, pero al final interfiere con la recuperación emocional- y la nueva relación explota en algún punto, dejándonos en una situación peor que si hubiésemos confrontado nuestra condición solos” (Selby, pp. 73-74).
Como la soledad es algo natural, algunas de nuestras respuestas no son efectivas y más bien amplifican los sentimientos de soledad. “Algunas de estas conductas incluyen, ver televisión, dormir en exceso, comer, tomar tranquilizantes o alcohol, sentarnos y pensar sin hacer nada” (Dr. Sean Seepersad, Webofloneliness.com).
Entonces, ¿que cambios funcionan para desarrollar amistades y vencer la soledad?
Soluciones reales
La meta es “ser una parte de otra gente; disfrutar su compañía, confiando en ellos o dejando que ellos confíen en nosotros, trabajando juntos hacia metas compartidas.
“Asistir a la Iglesia, pertenecer a un club o grupo, platicar por el Internet, llamar a alguien por teléfono o salir con amigos, son formas de socializar. Estas son las actividades que combaten la soledad.” (www.mentalhelp.net/poc/view_doc.php?type=doc&id=9776&cn=353).
El profesor Robert Putnam, de la Universidad de Harvard, autor del libro titulado “Jugando boliche solo”, dice que la solución es “involucrarse más en nuestra comunidad y compartir más tiempo con la familia y los amigos” (Tienes que tener amigos,” Time, Julio 2006). Expresa, además, que los americanos atienden 60 por ciento menos picnic hoy y las familias cenan juntos 40 por ciento con menos frecuencia que en 1965.
Otras sugerencias específicas de una variedad de fuentes incluyen:
• Llama o escribe un e-mail a la familia y los amigos por lo menos una vez a la semana. Comparte tus sentimientos, preocupaciones y metas.
• Invita a los amigos o a la familia a compartir un tiempo contigo.
• Asiste a una fiesta.
• Localiza aquellas organizaciones de servicio y alístate como voluntario en alguna de tu interés.
• Mantente físicamente activo- especialmente si pueden practicar algún deporte o hacer ejercicio con otros. Come alimentos sanos y duerme lo suficiente.
• Encuentra un compañero para estudiar o hacer ejercicio.
• Si tienes que estar solo, usa el tiempo para desarrollar tu conocimiento y destrezas, así te convertirás en una persona aún más interesante.
• Toma clases o únete a un club y conoce gente que está interesada en el mismo tema.
• Recuerda que la gente de éxito hace broma de los rechazos del pasado- trata de no perder tu sentido del humor.
• Preséntate a tus vecinos.
• Trata de conocer a otras personas y Haz que ellos te conozcan.
• Los amigos cercanos se convierten gradualmente en personas que comparten sus sentimientos. Pero, por otro lado, no apresures las cosas, porque podrías causar una impresión negativa y alejar a los demás.
• Encuentra un confidente y hazte el reto de confiar en esa persona, compartiendo tus metas y tu plan de acción.
• Valora tus amistades, en lugar de creer que solamente una relación romántica combatirá tu soledad.
• Si estás teniendo dificultad para vencer la soledad o la depresión, habla con tus padres, un ministro u otros consejeros para obtener ayuda. (Fuentes: Centro de consejería en la Universidad de Illinois o en StopLoneliness.com y MentalHelp.net).
Escapando de la trampa
¡Nunca me había sentido tan feliz de volver a casa luego de aquel mi primer año en la universidad! Luego decidí transferirme a una escuela que tenía un programa de estudio de la Biblia por un año antes de graduarme. Allá, a más de 1,600 kilómetros de casa, descubrí un ambiente cálido que me enseñó, no solamente como lidiar con mis propios sentimientos de soledad, sino también a reconocer y tratar de ayudar a otros a confrontar esos sentimientos. No podemos dejar que esos sentimientos nos atrapen.
Actúa siguiendo algunas sugerencias en este artículo.
Como el Centro de Consejería de la Universidad de Illinois lo aconseja: “No esperes que tus sentimientos te indiquen como actuar - actúa y los buenos sentimientos eventualmente te atraparán”. VT
Mike Bennett, Ministro de la Iglesia de Dios Unida, es el editor en jefe de United News. Junto con su esposa Becky y sus dos hijas viven cerca de Cincinnati, Ohio.
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